Sábado, 07 de febrero
REGIONALES

Mi hija María Elena y uno de sus dibujos/Por Jorge Castañeda

Mi hija María Elena, entre otras virtudes, es una excelente artista plástica y gran lectora.

Mi hija María Elena, entre otras virtudes, es una excelente artista plástica y gran lectora. Se formó en Ateneos de Bahía Blanca y en cada dibujo suyo deja una impronta de sus vivencias y de sus lecturas.

Tiene predilección, aparte de los libros de Arte, por los de los grandes filósofos y pensadores. Y algunos de ellos han influído no solo en su formación sino en su forma de pensar: Alejandra Pizarnik, Abel Posse, los textos de Patricio Mans y de Facundo Cabral. Nada del Arte le es ajeno. Lee a los poetas como Neruda, Fernando Noy y varios más. Doy fe que hasta se atrevió con Ulises de Joyce.

Hace muchos años, por gentileza de un amigo de Las grutas cayó en mis manos un libro imperdible: “De dioses, hombrecitos y policías”, de Humberto Costantini. Su lectura para mí fue muy impactante.

En la contratapa se advierte que “meterse en el mundo de “De dioses, hombrecitos y policías” es conocer de cerca a sus increíbles personajes, volar sin mayores dificultades desde el Olimpo, empenachado de nubes, hasta una casita en la calle Teodoro Vilardebó, en Villa del Parque, o hasta en una oficina de la Superintendencia de Seguridad en donde se reúne un siniestro grupo de parapoliciales encabezado por “el Chivo”, permite comprender a fondo las palabras de Costantini. La novela atrapa como podría hacer una novela policial. La realidad de “De dioses, hombrecitos y policías” se torna más vívida y creíble que la misma realidad. Es probable que el lector también se sienta “arrancado” de su realidad para sumergirse plenamente en el mundo de José María Pulicichio, de Romualdo Chávez o de la señora Zimmerman, en cuyos destinos, manejados por Afrodita, Atenea o el implacable Edes, podrá ver una parábola de nuestro propio destino”.

La lectura atrapante se desarrolla en tres niveles: los dioses del Olimpo, un grupo parapolicial y en Ateneo de escritores, que por ironía de los dioses confunden con un grupo subversivo.

Recomiendo su lectura porque no solo que atrapa sino que nos hace pensar sobre esa época siniestra donde todos éramos sospechosos, incluso un puñado de poetas que se reunía en una casa de la calle Vilardebó a leer sus poemas.

María Elena, sensible a todo lo que afecte la dignidad de las personas, en un hermoso dibujo, deja plasmados a tres protagonistas femeninas del libro de Costantini.

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